Sucede que en la empresa donde trabajo, regalaron una botella de champagne por persona, y, además, yo me gané una caja de champagne en un sorteo.
Entonces, toooodo eso (las cajas, repartir las botellas, el sorteo, etc etc) hubo que organizarlo, y todo se hizo donde yo estoy. Mi jefa (de RRHH) me pidió ayuda para toda la logística del asunto, y después de la fiesta de fin de año, todo lo que quedó fue una caja y media de gancia.
No alcanzaba ni a patadas para todos, y no nos íbamos a poner a chupar gancia ahí en el laburo, así que ella repartió las botellas entre los que la habíamos ayudado a organizar (OH, Y*hic!*EAH!)
Para Navidad, organizamos con MI Amiga Personal Romina, que nos juntábamos en lo de mi viejo después del brindis. A esto se sumaron mis hermanos, los amigos, mi viejo, su pareja (que también es mi Madrina. Llegamos a la conclusión de que es mi Madrinastra, pero suena horripilante! Casi tanto como Ahijadastra. Me re fui del tema!).
La cosa es que éramos un montón, y entonces cuando estaban organizando comprar bebidas, yo avisé, toda orgullosa: Chicos, NO compren Gancia, porque María de las Grosas (o sea, yo), lleva uno que le dieron en el laburo. Jejejej
Voy a aclarar acá que mi familia vive en un pueblito a 150 km de Buenos Aires (ciudad), y que yo NO NACÍ en el pueblito del infierno, simplemente me arrastraron a los cinco años. Al egresar del secundario, huí despavorida nuevamente para Buenos Aires, pero allá quedaron familias y amigos varios, por lo que, eventualmente, voy. De las fiestas, ni hablar.
Cerrado el paréntesis, no me podía llevar ni a patadas una caja de champagne más la botella de Gancia, más la botella que ya tenía, así que terminé poniendo en la mochila (re grosa, re grande, entraba de todo, y encima recién estrenada, jijij) dos botellas de champagne y el gancia en el medio.
Bien.
Preparé el bolso con tiempo, la mochila, las boludeces, y finalmente, me fui caminando a la parada del bondi.
Iba cruzando la última calle antes de llegar, cuando vi a una mina que venía caminando en línea recta hacia mi. No atinó a correrse ni por asomo. Y entonces yo dije "Bueh, flaca, si vos no te corrés..."
En el intento de moverme hacia el costado, pisé un papel mojado, de los típicos pedazos de basura que vemos en la City porteña al lado del cordón. Mugre.
Caí para el costado, de una manera bastante graciosa (si me hubiera visto desde enfrente, me hubiera cagado de risa de mi misma, lo reconozco). Quedé con las patas para arriba. La mina reaccionó (por fin), y me dijo "¿Te hiciste mal? ¿Te ayudo?"
"Nono, todo bien, gracias" dije yo. Y me levanté...
...y fue justo AHÍ cuando sentí el chorro de líquido frío bajarme por la espalda, el culo, en autopista directa hacia la pierna completa.
"LARRECONTRACONCHADELAMADREYLAPUTAQUELORREMILPARIOHIJOSDEUNVAGÓNLLENOSDEPUTAS!"
Llegué hasta la vereda, abrí la mochila, saqué las cosas del bolsillo, y la vi, toda astilladita, sufriendo, agonizando...
La BARANNNNDA a Gancia se olía desde una cuadra. Y me quise matar. El Gancia no! NO EL GANCIA!!
(No Lenny! Simpsonmaníacos, LENNY NO!!)
Bueh... Tenía algo metido en una bolsa (por suerte) que pasé al otro bolsillo, para juntar los vidrios y tirarlos al tacho. Hice lo que pude. El fondo de la mochi seguía verdecito brillante.
Tampoco tuve mucho tiempo para andar lamentando. Me fui corriendo a tomar el bondi porque el micrito hacia el pueblo del infierno salía en menos de una hora.
Nada, la pobre gente de ese bondi se tuvo que bancar la baranda. Nadie me dijo nada, y yo iba cambiando la mochila de lugar en el suelo, para que se le escurriera un toque el líquido, porque después me la iba a tener que volver a colgar en la espalda. (ya puteaba anticipando el aire acondicionado del Chevallier).
Por suerte, mi mochila tiene un bolsillito arriba, bien arriba, donde el líquido no llegó, así que, ya haciendo la cola del chevallier, yo feliz metí la mano para sacar el boleto, y recordé con horror que había cambiado el pasaje a uno de los bolsillitos de abajo, para mejor y más rápido acceso
Nada. Saqué el boleto, lo extendí bien sobre la mano. Por suerte se leía todo (en ambos. Tenía juntos el de ida y el de vuelta), así que le dije al chofer: Ok. Tuve un pequeño accidente.
El tipo me mira muy serio y me dice: "Eh, así no te lo puedo tomar al boleto..."
(Mi mente a mil, pensaba CHAN! Cagué la fruta! Es navidad, ya se van, ni en pedo llego a cambiarlo, ni en pedo consigo otro lugar! )
"...porque se pegó una ducha antes de venir!" remató el adorado, genial, hermoso, bello señor del Chevallier.
(GROSO, IDOLO! respiré...)
"Dame. Cuando se seque un poco te lo corto. No te hagas drama." (Master, fiera, mostro!)
Así que me subí a mi micrito, saqué mi boleto de vuelta, y como para que no se arrugara, y se secara un poco, lo pegué, finalmente, en la ventana del chevallier.
PS: Les cuento un secreto, secretillo. Si van en un micro donde afuera hace frío, y adentro hace calor, las ventanas se HU-ME-DE-CEN. Señora, no ponga su boleto para que se seque. No haga ESA BOLUDEZ, porque el vidrio TAMPOCO está seco... ¬¬
Chicos, no pegué una...
Y ustedes, ¿qué anécdota cosecharon para estas navidades? Cuenten, cuenten!